2. Práctica de aprendizaje

Una práctica requiere explicaciones, diálogo e indicaciones precisas sobre lo que se espera de ella. Del mismo modo que ocurre con los contenidos, las actividades requieren una mediación pedagógica que permita orientar el proceso de aprendizaje de manera clara y significativa. Para lograrlo, cada propuesta debe ofrecer un hilo conductor que articule distintos elementos.

En primer lugar, es importante que la actividad tenga un sentido explícito, es decir, que los estudiantes comprendan para qué la están realizando y cómo se vincula con los objetivos de aprendizaje del eje o unidad. A continuación, las explicaciones de procedimiento deben formularse de manera clara, situada  y accesible, indicando qué se espera que hagan, cómo deben hacerlo y cuál es el producto final que deben presentar. En este sentido, se pueden utilizar recursos de apoyo, ejemplos o materiales complementarios que ayuden a los estudiantes a desenvolverse de manera autónoma.

Posteriormente, es necesario expresar los resultados esperados, de modo que los estudiantes conozcan cómo será valorado su trabajo, qué aspectos se tendrán en cuenta y cuál es el nivel de desempeño esperado. Finalmente, deben preverse canales de comunicación para que los estudiantes puedan realizar consultas y recibir retroalimentación a lo largo del proceso.